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Me desperté. No había amanecido. Las
imágenes del sueño todavía dibujaban en mi cabeza 
su risa tonta, su mirada anodina, sus
labios finos y amarillos. Vi lágrimas azules sobre la arena de su cara en una
playa desierta del norte de España. Y las olas borraban su rostro en el
infinito de mi sueño.
Me di la vuelta. Le vi a mi lado con su
risa tonta, roncando y con la boca abierta.
Ya no soñé nada. Me fue imposible
volverme dormir.












Ilustración: Marc Chagall, Promenade, 1918.




2 Comments

  • MANUEL IGLESIAS
    Posted 19 marzo 2012 at 12:44 pm

    Los malos sueños pueden tener continuidad en una realidad de pesadilla. Buen micro. Un saludo

  • Gastón Segura
    Posted 22 marzo 2012 at 2:26 pm

    Es lo que tiene el desperta, que pone las cosas en su sitio.

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