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Alzheimer

Alzheimer I

Llegó al mostrador de facturación algo fatigado de tanto andar por los largos pasillos colapsados, pidiendo perdón con amabilidad, a la gente que se apretaba en sus filas sin dejar pasar a nadie. Después de tropezarse con varios carritos cargados de maletas, llegó a su ansiada meta el uno de agosto. La azafata miró asombrada su billete y le dijo con cariño que su avión había despegado el año pasado. El hombre, con ojos de incredulidad, lo guardó en el abrigo y se fue para casa. Pensó para consolarse que un olvido lo tiene cualquiera.

Alzheimer II

El uno de agosto llamó a un taxi. Le dijo al conductor que le llevara a…, bueno, a ese lugar donde hay tantos aviones. El taxista le dejó en la puerta de un enorme edificio. El hombre, se maravilló al ver las aeronaves colgadas en los altos techos del…, curioso, al ver esos cacharros metálicos se acordó del nombre: eso es, aeropuerto, ¡estaba en el aeropuerto! Se acercó al mostrador para sacar la tarjeta de embarque. Le entregó a la azafata el billete, ella lo leyó atentamente y llamó al supervisor. Hablaban entre ellos. Le miraban. Al final, la azafata amablemente le dijo con una linda sonrisita, que por exceso de tráfico aéreo se había cancelado su vuelo. El hombre se encogió de hombros y le dio las gracias sin entender qué podía haber pasado. Dobló cuidadosamente el billete, lo guardó en la gabardina y salió por una puerta en la que estaba escrito: Le esperamos de nuevo en el Museo de Aviación. Gracias por su visita. Y tomó un taxi de regreso.

Alzheimer III

Sonó el despertador a las nueve de la mañana. Se levantó muy contento y vio su maleta preparada al lado de la cama. Se duchó, se afeitó canturreando delante del espejo; se vistió, chequeó el billete, se puso su mejor abrigo y cogió la maleta. Con ella en la mano dio varias vueltas por la habitación; se sentó en la silla, se puso a pensar y, al final, con una mueca de resignación en el rostro, dejó la maleta en el suelo y se sentó en la cama. No recordaba lo que tenía que hacer esa mañana. Ni siquiera recordó qué día era.

1 Comments

  • karlfm
    Posted 4 noviembre 2010 at 1:41 pm

    Una visión muy interesante (aunque se me hace corta) sobre un tema muy psicológico al que todos estamos expuestos a nivel personal pero quizás lo que mas me gusta de estos microrelatos -quizás es una interpretación mía- es esa doble ambivalencia que existe entre el Alzheimer personal del prota y el Alzheimer colectivo que parece embriagar nuestra sociedad actual. Para mi todos vivimos dentro de un gigantesco Alzheimer donde los cerebros son machacados constantemente haciéndote creer que no eres nadie, tan solo un simple muñeco a merced de las corrientes que desatan sus hacedores. Creo que para ti seria un buen tema de inspiración trabajar algunas historias cortas y diversas en esa línea. La gente tiene necesidad identificación, conciencia y escape. Nuestra sociedad es tan kafkiana, oscura y orweliana que aunque parezca libre, brillante y locuaz, es un hervidero escalofriante de patologías psiquiátricas y controles que ponen los pelos de punta. Quizás no es tu línea pero te recomiendo que veas el trabajo oscuro del fotógrafo Christophe Dessaigne, y entenderás a que me refiero. Te paso su web: http://www.midnight-artwork.com/

    Me encantan los juegos donde se plantean encrucijadas, ambivalencias, realidades diversas, originalidad y cruce de dimensiones, algo así como el juego que se establece sobre la paradoja del tiempo película de El curioso caso de Benjamin Button o la paradoja de las realidades como en Matrix. Son temas que algunos escritores como Borges, Cortazar, Sábato, Proust, Kafka, Orwell y muchos más, han abordado bajo su punto de vista, mezclando imaginería, literatura, filosofía, surrealismo y psicología.

    Me gusta el manejo e inserción de ciertas frases que usas en los relatos, ya te lo dije la primera vez que te leí, esa línea de trabajo es original, abre la cocotera y clava un alfiler en la sensibilidad del lector; es picante, no aburre, es pura sentencia, te fulmina cuando acabas de leerla, te para la mente y los ojos se entrecierran mientras filosofan al viento. Me encanta porque además cuadra con mi estilo de literatura donde se mezcla acción novelesca y reflexión existencialista. Genial y tira para adelante nena.

    Un abrazo.

    Nota: date una vuelta por mi nuevo espacio blog de fotos mias: http://karlfmphotographies.blogspot.com/

    Besitos.

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